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El trampolín hacia la propiedad: Yorsio y el nuevo modelo de emancipación joven

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En España, el sueño de acceder a una vivienda propia parece cada vez más lejano. Los jóvenes tardan en emanciparse una media de 31 años y no logran comprar su primera vivienda hasta pasados los 40. En este contexto, una generación entera ha tenido que reinventar su forma de habitar y buscar alternativas a un mercado que no siempre ofrece soluciones reales.

Entre esas nuevas voces destaca Sara Recalde, una donostiarra de 25 años que ha decidido transformar la frustración de su generación en una oportunidad para cambiar las reglas del juego. Es cofundadora de Yorsio, una startup que propone un modelo de alquiler con opción a compra de habitaciones, pensado para convertir el dinero del alquiler en un primer paso hacia la propiedad.

La historia de Yorsio nace de una experiencia cotidiana que millones de jóvenes comparten: años de alquiler sin retorno. “Llevo toda mi vida compartiendo piso”, explica Sara. “Y un día pensé: si todo el dinero que he pagado de alquiler lo hubiera podido ahorrar, tendría ya la entrada de una casa.”

Esa reflexión fue el punto de partida de un proyecto que hoy se presenta como uno de los más innovadores del sector inmobiliario español. “Somos jóvenes que hemos vivido el problema en primera persona”, afirma. “Y también somos emprendedores: cuando encuentras un problema grande y estructural, quieres dedicar tu vida a resolverlo.”

Sara lo explica con convicción: “Creemos que cuando las personas se emancipan antes, maduran antes, adquieren autonomía y, de alguna forma, hacen que el dinero circule más en la economía. El acceso a la vivienda no debería ser un privilegio, sino un derecho que se pueda ejercer.”

El modelo que propone Yorsio es tan sencillo como disruptivo. El usuario alquila una habitación pagando un precio similar al del mercado, pero con una diferencia fundamental: una parte de ese alquiler se capitaliza y se descuenta del precio final si decide ejercer la compra entre tres y cinco años.

“No tienes que desembolsar 40.000 o 50.000 euros de entrada”, explica Sara. “Pagas tu alquiler como siempre, pero nosotros convertimos una parte en ahorro acumulado. Así, cuando decidas dejar el piso, puedes vender tu parte o usar ese dinero como entrada para tu futura casa.”

El proceso comienza con un registro en la plataforma. Aunque el objetivo es ser cada vez más tecnológicos, hoy la experiencia es muy humana. “Nos gusta hablar con cada persona que entra. No somos un formulario automático, somos un equipo que escucha y entiende la situación de quien busca vivienda. Queremos que sientan que hay un rostro detrás de Yorsio.”

A día de hoy, la principal dificultad que enfrentan es la escasez de oferta: “Tenemos más de 2.500 personas en lista de espera, pero pocas viviendas disponibles. Y eso demuestra que el problema de la vivienda en España no es solo coyuntural, sino de estructura: la demanda está hiperactiva, pero la oferta sigue anclada en un modelo incapaz de absorberla.”

Para quienes aún no comprenden del todo el concepto, Sara recurre a ejemplos familiares:

“Hace quince años, nadie habría imaginado que íbamos a subirnos a un coche con desconocidos para viajar siete horas, y hoy lo llamamos BlaBlaCar. Tampoco que íbamos a pasar las vacaciones en la casa de un particular, y hoy eso se llama Airbnb. Nosotros estamos haciendo lo mismo con la vivienda compartida.”

Con esa comparación, resume la esencia del proyecto: compartir no es retroceder, es evolucionar. “A veces la gente mayor me dice: ‘ahora, en lugar de comprar una casa, compráis una habitación’. Pero no es así. Siempre hemos compartido pisos, la diferencia es que ahora queremos que eso sirva para algo, que tenga un retorno.”

Yorsio no propone que nadie viva eternamente en una habitación. Su propósito es acompañar a los jóvenes durante esa etapa de transición, para que el dinero invertido en el alquiler se convierta en un trampolín hacia una vivienda mejor.

“No buscamos que compartas piso toda la vida”, añade. “Queremos que seas inteligente y que mientras lo haces, puedas ahorrar para comprar la casa que realmente deseas.”

Aunque el foco está en los jóvenes de entre 25 y 35 años —personas que ya trabajan pero aún no pueden comprar—, Yorsio atrae también a otros públicos. “Nos sorprendió ver que incluso personas mayores se registran”, cuenta Sara. “El problema del acceso a la vivienda no es solo generacional, afecta a muchos colectivos.”

La startup trabaja además con inversores, aunque con una filosofía clara: no buscan especulación, sino impacto. “Solo aceptamos inversores que estén dispuestos a ofrecer alquiler con opción a compra. No permitimos que alguien compre una habitación solo para alquilarla y obtener rentabilidad sin propósito.”

El modelo ofrece rentabilidades competitivas, combinando ingresos por alquiler y posible revalorización al cierre. “Usamos el capital inversor para generar oferta, pero siempre dentro de un marco ético. Queremos inversores que entiendan que ganar dinero y generar impacto pueden ir de la mano.”

El modelo ofrece rentabilidades competitivas, combinando ingresos por alquiler y posible revalorización al cierre. 

Durante la conversación, Sara no duda en señalar los desafíos del mercado inmobiliario español. “El principal problema es la escasez de oferta. Hay viviendas vacías, suelo disponible y capital, pero demasiadas trabas y regulaciones hacen que nada se mueva.”

En su opinión, es necesario replantear el papel del sector privado:

“El problema de la vivienda se está gestionando como si fuera algo exclusivamente público, y eso es un error. Necesitamos colaboración público-privada. Si penalizas al propietario o al inversor, ambos se retiran, y eso reduce aún más la oferta.”

Sara defiende que la regulación debe equilibrar la protección al inquilino con incentivos claros para quien aporta capital. “Topar los precios puede parecer una buena idea, pero cuando lo haces, la gente deja de alquilar. Y si hay menos oferta, los precios suben. Necesitamos medidas que favorezcan la creación de más vivienda, no menos.”

Uno de los aprendizajes más importantes para el equipo ha sido la necesidad de construir confianza. “La vivienda es un tema sensible. Hay que ser muy transparentes. Cuando no explicas bien el modelo, la gente desconfía o lo asocia a otros tipos de negocio. Por eso, la claridad es nuestra prioridad.”

Esa transparencia se refleja también en su crecimiento internacional. Países como Italia, Francia o Alemania ya han mostrado interés en replicar el modelo, lo que confirma que los problemas de acceso a la vivienda son globales. “Nos contactan desde diferentes países de Europa porque están viviendo lo mismo que nosotros. La falta de acceso no es solo un problema español, es una tendencia generalizada.”

A medio plazo, Yorsio aspira a evolucionar. “Ahora somos un modelo más inmobiliario, con operaciones reales y gestión directa. Pero nuestro objetivo es convertirnos en un marketplace tecnológico, que conecte a propietarios e inquilinos como lo hace Airbnb con los viajeros. Un espacio donde alquilar o comprar una habitación con opción a compra sea tan sencillo como reservar un alojamiento.”

Más allá del negocio, Yorsio quiere dejar huella en la sociedad. “Nos gustaría ser recordados como la empresa que ayudó a una generación a acceder a la vivienda”, afirma Sara. “Queremos que la gente diga: ‘gracias a Yorsio pude tener mi casa’.”

Su visión es que la emancipación deje de percibirse como un gasto inevitable y se convierta en el inicio del ahorro personal. “Soñamos con un futuro donde alquilar no sea tirar el dinero, sino construir un paso hacia tu independencia.”

En definitiva, Yorsio busca devolver esperanza a una generación que siente que el mercado inmobiliario les ha cerrado la puerta. Con ideas frescas, tecnología y propósito, Sara Recalde y su equipo están demostrando que innovar también es una forma de habitar.


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